Dante

El evangelio según las bestias

Wajdi Mouawad imagina Ánima como un evangelio narrado por animales en el que el papel del cristo invierte su significado. El cristo pone al hombre en la senda de la salvación con su sacrificio, en cambio, Wahhch sufre un sacrificio intolerable para devolvernos a la violencia que, desde cierto punto de vista (quizá el del autor también), es la senda del fracaso de la humanidad. Pero este punto de vista es externo a los personajes y los narradores. El inflexible itinerario por el infierno termina por establecer un dogma diferente: el cuerpo humano es, ante todo, un cuerpo dado a los depredadores, al que solo la ficción es capaz de otorgarle alma.

El nuevo salvador atraviesa el suplicio para enseñarnos una doctrina que aprende con nosotros: que la mayor atrocidad es siempre posible sobre cualquier lugar de la tierra a manos de cualquiera, es decir, que la justicia es otra ficción y que la única reacción operativa es la venganza.

Durante una conversación, Wahhch acepta una comparación con la Divina comedia:

«… Dime, Wahhch, ¿dónde has encontrado a esta pequeña brizna de santidad?
—En el infierno.
—Claro. Por fuerza. A cada Dante su Virgilio, ¿no es así?
—Y nunca mejor dicho, no lo sabes bien»

En Ánima el destino es la aceptación del infierno del horror absoluto. Ahora bien, en la comedia, Dante guía a un Virgilio que guía a un Dante y la diferencia entre los dos Dantes es la que puede haber entre un dios y un hombre cualquiera. En Ánima, Rooney/Mason-Dixon-Line enseña su destino a Wahhch, que a su vez nos guía a nosotros por un infierno «inolvidable». Al mirar ese infierno sucede lo que no sucedía en la comedia, se apartan los ojos.

El mundo al que no le ocurre ningún hombre

Lo único conocido que puede identificarse con las definiciones de dios es un fabulador. La literatura es el único campo profesional en el que se puede cumplir la proeza divina de establecer el mundo y lo real y doblarlo con palabras. De hecho, la obra del disputado dios judío existe solo en forma de libro. El camino emprendido por Dante y por el autor de la Biblia se dirige a la divinidad y la suplanta dejando como obra las palabras.

Por otro lado, en los libros cabe también el hombre víctima de esa proeza, aplastado por la obra divina y la estructura del mundo.

El libro excepcional aquí es El Quijote porque incluye la parodia de los dos casos.

El arquetipo literario que escapa a ambos modelos es un hombre al que no le ocurre ningún mundo o un mundo al que no le ocurre ningún hombre. Es un ser neutralizado en la mitad de esa polarización, es justo eso que uno no va a buscar en un libro pero encuentra en Knausgård y Murakami, es decir, lo equilibrado. El título de Mi lucha es su única ironía porque no hay lucha. Lo que hay en el libro es lo que queda en el tiempo en que la literatura no existe y el sentido se pierde. Así se realiza con perfección el viejo proyecto frustrado de las vanguardias históricas de mezclar arte y vida, donde la vida siempre se lleva la mejor parte en alianza con la sinceridad, esa cosa tan prestigiada. Hay que agradecer a autores como ellos que, al menos, amplíen el campo de la escritura hasta ese territorio que por el momento permanece tan desprovisto de interés.

Héctor González