Hitler, el extraterrestre

Afirman que Hitler estuvo en Colombia y Argentina en los años 50. Hay gente que dice que vio a Hitler, como yo mismo creía verlo hace muchos años encarnado en un señor con bigotillo que se asomaba cada tarde por el cristal de una cafetería. Dicen las últimas investigaciones que Hitler escapó del cerco de Berlín y vivió en Argentina en los años 50. Ya es difícil, con el careto que tenía, que a los aliados se les hubiera escapado semejante personaje. Pero es que no se escapó, lo organizaron ellos, al parecer.

Este tipo de testimonios recuerda a los que dicen que les ha abducido un ovni. No digo que no sea verdad, pero también puede ser verdad lo que decía el otro día la muchacha que llamó a mi puerta, que dijo que quería ofrecerme mejor conexión, una oportunidad única, que firmara y le pusiera el número de cuenta. Obviamente la conversación iba fenomenal hasta que me dijo eso del número de cuenta, palabras con el poder de activar mi atención cuando ando distraído. La mandé a freir espárragos. Hay que ponerse en guardia contra los que quieren robar nuestro dinero. Lo mismo hay que hacer con los que quieren robarnos la incredulidad, así por la cara, con historietas. Aunque luego sea todo verdad, me da lo mismo. La estrategia es parecida: el estafador monetario finge ser tu amigo, el otro finge que sabe algo «gordo». Que no te duela perder una buena conexión a internet si pones a resguardo lo principal. Pues que no te duela seguir pensando que Hitler fue quemado por sus amigos en Berlín, si con ello salvas tu incredulidad. ¿La incredulidad no es un tesoro para vosotros? ¿Pero qué edad tenéis? La incredulidad es dignidad pura.

Y no porque todos esos emparanoyados sean todos estafadores, es que la gente está muy mal, la gente cree cosas increíbles, pero no por fe (que es creer lo que no se percibe por los sentidos), sino porque realmente creen que las han visto. Esa gente se fía demasiado de sí misma, no pone en duda que ha visto un fantasma, que han hablado con no sé quien muerto, o creen que tal otra persona dedica su vida a conseguir su ruina, y no tienen que hacer un esfuerzo para creer porque lo que creen es tener las pruebas y es el caso que se engañan tanto o más como cuando alguien les miente deliberadamente. Esa gente se indignaría si alguien intentara estafarla, pero no se indigna consigo misma por estafarse.

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