Diseño inteligente

Se considera que las variables para la aparición de la vida son producto de una casualidad casi imposible, lo que ha empujado a muchos a creer en Dios. Lo que importa no es creer en Dios o no, sino en qué tipo de dios. Si rezas a un dios cristiano y te imaginas su paraíso propio desplegándose a su alrededor, cuidador de su jardín y nuestro estercolero, ¿qué impide pensar que ese dios tenga a su vez un dios que le ha creado a él y así hasta el infinito? ¿Es que no existe una religión que rece a algún meta-dios? Pues creo que ya va siendo hora de crearla.

El hecho de que los pájaros respeten nuestras cabezas también se puede tomar como un signo de que ha existido la intervención de una inteligencia. Es inteligente que los pájaros no nos estén defecando en la cabeza todo el tiempo, al menos conveniente, dado que la vida sería prácticamente imposible si los pajaros nos anduvieran ensuciando la cabeza. Imposible no, más bien muy diferente. O bien nos obligaría a instalar todo un aparato de parasoles, techos móviles o fijos por las calles, o bien nos obligaría a provocar el exilio de los pájaros, o bien la consideración de las deposiciones de pájaros sobre las cabezas como socialmente aceptable. Qué sociedad tan diferente en la que el señor Pedro y el señor Juan se saludan con el cabello lleno de excremento y, sin embargo, tan natural, como quien exhibe una inocente gota de sudor sobre la sien. Dada la dificultad para satisfacer la segunda posibilidad, habría que imaginar que la primera y la última son las probables. Pero todos sabemos que hay gente que se moja a pesar de la existencia de paraguas, así que la tercera sería inevitable.

Pero la vida es muy diferente, por fortuna, y es una tentación hablar de diseño inteligente, aunque no de perfección, porque a veces sí sucede que los pajaros nos defecan en la cabeza. Esto quiere decir que Dios (o la diferente cadena de dioses) no sería perfecto si consiente que los pájaros nos defequen en la cabeza unas pocas veces. quiza el problema es que tenemos una noción de perfección que no corresponde con la suya. Si examinamos su presciencia, Dios podría conocer la falsedad o certeza de todos los hechos presentes y futuros, es más, conocería la falsedad y certeza de cada proposición pronunciada acerca de todos los hechos presentes y futuros. Pero si nuestro grado de exigencia de perfección va más allá, si aspira, por así decir, a la «perfección perfecta», Dios tendría que conocer no sólo la falsedad o certeza de las proposiciones pronunciadas sino también todas las posibles proposiciones que se podrían llegar a pronunciar sobre los acontecimientos y, aún mas, todas las variaciones y derivaciones posibles de los acontecimientos desde la creación. Sólo así se podría aceptar el establecimiento de unos criterios mínimos más allá de los cuales exista la perfección. ¿Es esta increíble capacidad una exigencia de lo inteligente? No, nosotros somos inteligentes y no la poseemos.

Los hombres también son inteligentes, pero no perfectos, así que diseño inteligente no es perfección. La demostración o constatación de lo primero no lleva a lo segundo. Algunos creyentes se equivocan al poner el acento en lo primero cuando deberían concentrarse en lo segundo. El diseño inteligente podría implicar, entonces, alguien que cuida de su jardín paradisíaco y del nuestro, pero, siendo inteligente, esta entidad bien podría ser un individuo tan imperfecto como los hombres. Podría ser un hombre mediocre, detestable, sentado en su nube, controlando el mundo mal que bien. Nos quedamos en las mismas porque tal mediocre inteligencia nos obligaría a instaurar la mencionada cadena de dioses sin fin en busca de uno digno de nuestra fe. Lo que es absurdo.

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