Arte y fetiche

La tesis de la obra de arte como fetiche no pone la fuerza de la obra en su interior, sino que la concibe como una fuerza adquirida por magia contagiosa a través de sus relaciones históricas con los fetiches procedentes de una «época sacra». Pero lo razonable es encontrar en el interior lo que sea pertinente a la explicación de una obra.

Ni siquiera es pertinente saber cómo separar fetiche y obra de arte. En realidad ese es un falso problema. El problema, en realidad, no es su separación sino su disociación. Separación y disociación es una diferencia fundamental sin la cual es imposible entender el pluralismo y las discontinuidades de la materia.

Hay que recordar que incluso las operaciones matemáticas también se pueden fetichizar. En una pizarra de la Universidad de Oxford se conservan las operaciones realizadas por Einstein durante una lección en 1931. ¿Algún filósofo de la ciencia se atrevería a decir que las operaciones matemáticas son simples fetiches? Entonces, ¿qué se puede decir de una filosofía reduce la obra de arte a un fetiche?

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