Mes: enero 2015

Lucrecio y la verdad

Los novelistas acuden más que nunca a la realidad, más exactamente, a la información, entendida como el conjunto de mensajes que pueden ser corroborados desde una fuente. A partir de aquí, se podría definir una sucesión en la que, sin duda, Lucrecio y su poema De la naturaleza de las cosas ocuparía un lugar muy cercano al extremo opuesto. Pocos autores en la literatura han alcanzado a Lucrecio en su audacia a la hora de dar una visión tan abarcadora y apasionada de las cosas. Influido por las teorías de Epicuro y Demócrito, el poeta latino procede a transmitir sus enseñanzas, imaginando y construyendo razonamientos que adaptan el mundo a su concepción, destruyendo las supersticiones, doblando la realidad con el vigor de su discurso. Inventa sin pudor los mecanismos de la naturaleza con el ímpetu de un niño fabulador. Por sus aciertos y errores, es una obra vibrante en su naturaleza fuerte y débil a la vez.

La cautela en la invención literaria contemporánea puede estar relacionada con este tipo de experiencia lectora en la que el autor queda tan lamentablemente al descubierto. En contraposición con la obra de Lucrecio, hoy es difícil la tarea de fantasear porque los lectores actuales están acostumbrados a obtener información en pocos segundos y, en consecuencia, no tragan fácilmente con una entidad inventada. Pueden abrir Google y averiguar que en una esquina determinada no hay un restaurante, que no existe un producto o una compañía aseguradora de tal nombre. Extendidamente, buscando los atributos del novelista en los personajes, aquél se ve obligado a ser veraz en lo que se refiere a su propia máscara de narrador, pues por un agujerito en internet se puede desmontar la ficción intolerable de un alter ego.

En literatura se busca así un continuo con la vida «comprobable». Internet dicta lo que es y lo que no es real. El lector adora la revelación casi religiosa que surge en la coherencia entre la palabra escrita y la realidad alcanzable desde otras fuentes. La novela contemporánea se lee entonces como una sagrada escritura porque responde a la «verdad» y ofrece la impresión de una continuidad trascendental en el tiempo y el espacio.

Héctor González

Anuncios