El estado es él

Los estados absolutistas a veces creaban a su alrededor cierto esplendor artístico. Digo alrededor de ellos porque aquellos estados eran el rey y solo el rey, o al menos eso es lo que se pensaban ellos, así que alrededor del poder del rey giraba todo. En el estado moderno, el gobernante conserva esta pretensión siempre, porque el estado, si le dejan, se espande hasta que nos traga a los demás y esa expansión la lleva a cabo sobre los solomillos de sus dirigentes.

Ahora mismo están rodando una serie documental sobre España, sobre su magia, su potencia y su acto, pero como España se puede reducir muy cómodamente a su gobernante nominal, pues el documental trata sobre dicho gobernante. Porque en Pedro Sánchez se aúna todo lo que en España puede darse. No es una serie sobre Pedro Sánchez, ni mucho menos una serie donde se le glorifique. No creo que sea tan difícil de entender: la serie servirá para proyectar la imagen de una España moderna, sin complejos, plenamente democrática. Al menos eso es lo que se asegura desde el Gobierno, que por alguna razón considera una urgencia proyectar esa imagen de España. Así pues, Pedro Sánchez es el resumen, alfa y omega de España, coincidentia oppositorum, porque en Él se resume todo matiz, toda causa y forma dable al mundo (España). No sé si será absolutamente omnipotente y bueno, pero es seguro que es absolutamente simple.

Ególatras

Los políticos están ahí por ambición, en primer lugar. En el segundo, en algún caso, para solucionar algún problema de los ciudadanos, pero básicamente por ambición, y en España, como colonia que es de EEUU es absolutamente imposible que el político pueda tener iniciativa para resolver verdaderamente ningún problema si no tiene el permiso de su metrópoli. Si a la metrópoli le conviene, la colonia servil se pegará un tiro en el pie, como nos lo ha pegado el gobierno con el tema de Marruecos. Un político en Europa tiene más iniciativa para enriquecerse que para mejorar la vida de los ciudadanos.

Los problemas de un país se resuelven con una estrategia, como Stalin tuvo una en 1928 para la URSS o Franco para España en 1959 o Roosevelt para EEUU en 1933?

Si los políticos actuales son simplemente unos ególatras que administran nuestros asuntos, ¿qué hace la gente jaleandolos y defendiéndolos? ¿Acaso uno se hace amigo del primer ególatra ambicioso que aparece por detrás haciéndose el simpático? ¿Por qué no se aplica esa desconfianza contra los politicos también? ¿Qué hacen esas mareas de gente llenando estadios de fútbol para hinchar el ego de un psicópata?

DEFICIENCIA DE LA HISTORIOGRAFÍA FILOSÓFICA: LA ESCUELA DE SALAMANCA

RECENSIÓN

Las Escuelas de Salamanca y Universalista (Núm. monográfico)
Vol. 3 / enero 2020 – INDICE

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ARTÍCULO / INVESTIGACIÓN. Autor: Pedro Aullón de Haro

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1. UN PROBLEMA PRE-EPISTEMOLÓGICO

Existen ciertamente muchas clases de deficiencias, al igual que de falacias, pero como era de esperar aquéllas nunca han sido catalogadas en el ámbito intelectual por el simple motivo de no definir de principio una dificultad de base lógica. Comenzaré por decir que a veces existe no un problema nítidamente especificable sino una cuestión de carácter, circunstancias y sus envolturas, además históricamente estratificadas, y que también existe, ya más de consecuencia lógica determinable y por ello aproximable a tipo de falacia, el falso problema, o el en parte falso problema. El problema suscitado a partir de una objetividad reconocible como falso problema, puede naturalmente acceder a hito de significación. En tal caso conviene empezar por preguntarse si se trata de…

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Me contactaron para hacerme terraplanista

La principal razón para rechazar el terraplanismo (nosotros, que nunca entraremos en un sputnik) es que no explica mejor los fenómenos, no salva ninguno de ellos. La potencia de una hipótesis es que resulte más creíble, pero el problema es que la tierra plana resulta tan creíble o tan increíble como la tierra redonda. Un disco en mitad del espacio es tanto o más absurdo que una bola. ¿Acaso explica mejor que no nos caigamos de esa bola? No, porque tan extraño es que el centro de atracción esté en el centro de una bola como debajo de un disco. Lo único que explica mejor la tierra plana es el logotipo de la ONU.

Pues bien, me contactaron para actuar como propagandista de esa secta. Baste esta entrada para rechazar la oferta.

Guerra nuclear

Ahora de repente la gente ha empezado a desarrollar miedo a la guerra nuclear, no digamos en los países cerca de Rusia o Ucrania, en los que ya es un deporte. En todas partes los tertulianos, expertos, analistas, politólogos, etc. dicen que el peligro «es real», que hay una posibilidad, por mínima que parezca, de que el mundo vaya a la guerra nuclear. La gente empieza a pensar en acumular latas de atún y maíz y planea hacerse un hueco en el sótano por si acaso. Papel higiénico, no se olviden del papel si es que ya no les queda de cuando el virus de 2020.

Lo que pasa con las armas nucleares es que están hechas para disuadir. Lo aprendió el mundo cuando vio caer las bombas en Japón. Los americanos las lanzaron y vieron cómo funcionaba de verdad aquello de la energía nuclear y ya no hizo falta usarlas nunca más en combate. Todo el mundo se dio por enterado, los rusos, los americanos, todos. Es como la creación del mundo, ocurre una vez al principio y no hace falta repetirla. El combate nuclear tiene lugar en realidad en las cabezas de la gente. Los niños americanos hacían ensayos de emergencia nuclear en los colegios, les decían que se metieran debajo del pupitre, como si un pupitre les fuera a proteger de una bomba atómica. Los rusos tenían en el botiquín un botecito de yodo, había que echar unas gotas en un azucarillo y tomárselo para impedir que la tiroides absorbiera el yodo radiactivo. ¿Acaso les iba a salvar esa chorrada? Pues claro que no, pero servía para hacer al enemigo lo más claro pero lo menos distinto posible, parámetros esenciales del patriotismo. Sin enemigo no hay política (dicho a lo Carl Schmitt).

Ahora empezarán a circular las advertencias: pónganse en posición fetal con la cabeza mirando al gran hongo, así morirá más rápido. Todo este género literario de amenazas absurdas está prescrito en casos como este. Si tiene la ocasión de sentirse amenazado, enhorabuena, está siendo víctima de la guerra nuclear.

Hitler, el extraterrestre

Afirman que Hitler estuvo en Colombia y Argentina en los años 50. Hay gente que dice que vio a Hitler, como yo mismo creía verlo hace muchos años encarnado en un señor con bigotillo que se asomaba cada tarde por el cristal de una cafetería. Dicen las últimas investigaciones que Hitler escapó del cerco de Berlín y vivió en Argentina en los años 50. Ya es difícil, con el careto que tenía, que a los aliados se les hubiera escapado semejante personaje. Pero es que no se escapó, lo organizaron ellos, al parecer.

Este tipo de testimonios recuerda a los que dicen que les ha abducido un ovni. No digo que no sea verdad, pero también puede ser verdad lo que decía el otro día la muchacha que llamó a mi puerta, que dijo que quería ofrecerme mejor conexión, una oportunidad única, que firmara y le pusiera el número de cuenta. Obviamente la conversación iba fenomenal hasta que me dijo eso del número de cuenta, palabras con el poder de activar mi atención cuando ando distraído. La mandé a freir espárragos. Hay que ponerse en guardia contra los que quieren robar nuestro dinero. Lo mismo hay que hacer con los que quieren robarnos la incredulidad, así por la cara, con historietas. Aunque luego sea todo verdad, me da lo mismo. La estrategia es parecida: el estafador monetario finge ser tu amigo, el otro finge que sabe algo «gordo». Que no te duela perder una buena conexión a internet si pones a resguardo lo principal. Pues que no te duela seguir pensando que Hitler fue quemado por sus amigos en Berlín, si con ello salvas tu incredulidad. ¿La incredulidad no es un tesoro para vosotros? ¿Pero qué edad tenéis? La incredulidad es dignidad pura.

Y no porque todos esos emparanoyados sean todos estafadores, es que la gente está muy mal, la gente cree cosas increíbles, pero no por fe (que es creer lo que no se percibe por los sentidos), sino porque realmente creen que las han visto. Esa gente se fía demasiado de sí misma, no pone en duda que ha visto un fantasma, que han hablado con no sé quien muerto, o creen que tal otra persona dedica su vida a conseguir su ruina, y no tienen que hacer un esfuerzo para creer porque lo que creen es tener las pruebas y es el caso que se engañan tanto o más como cuando alguien les miente deliberadamente. Esa gente se indignaría si alguien intentara estafarla, pero no se indigna consigo misma por estafarse.

Diseño inteligente

Se considera que las variables para la aparición de la vida son producto de una casualidad casi imposible, lo que ha empujado a muchos a creer en Dios. Lo que importa no es creer en Dios o no, sino en qué tipo de dios. Si rezas a un dios cristiano y te imaginas su paraíso propio desplegándose a su alrededor, cuidador de su jardín y nuestro estercolero, ¿qué impide pensar que ese dios tenga a su vez un dios que le ha creado a él y así hasta el infinito? ¿Es que no existe una religión que rece a algún meta-dios? Pues creo que ya va siendo hora de crearla.

El hecho de que los pájaros respeten nuestras cabezas también se puede tomar como un signo de que ha existido la intervención de una inteligencia. Es inteligente que los pájaros no nos estén defecando en la cabeza todo el tiempo, al menos conveniente, dado que la vida sería prácticamente imposible si los pajaros nos anduvieran ensuciando la cabeza. Imposible no, más bien muy diferente. O bien nos obligaría a instalar todo un aparato de parasoles, techos móviles o fijos por las calles, o bien nos obligaría a provocar el exilio de los pájaros, o bien la consideración de las deposiciones de pájaros sobre las cabezas como socialmente aceptable. Qué sociedad tan diferente en la que el señor Pedro y el señor Juan se saludan con el cabello lleno de excremento y, sin embargo, tan natural, como quien exhibe una inocente gota de sudor sobre la sien. Dada la dificultad para satisfacer la segunda posibilidad, habría que imaginar que la primera y la última son las probables. Pero todos sabemos que hay gente que se moja a pesar de la existencia de paraguas, así que la tercera sería inevitable.

Pero la vida es muy diferente, por fortuna, y es una tentación hablar de diseño inteligente, aunque no de perfección, porque a veces sí sucede que los pajaros nos defecan en la cabeza. Esto quiere decir que Dios (o la diferente cadena de dioses) no sería perfecto si consiente que los pájaros nos defequen en la cabeza unas pocas veces. quiza el problema es que tenemos una noción de perfección que no corresponde con la suya. Si examinamos su presciencia, Dios podría conocer la falsedad o certeza de todos los hechos presentes y futuros, es más, conocería la falsedad y certeza de cada proposición pronunciada acerca de todos los hechos presentes y futuros. Pero si nuestro grado de exigencia de perfección va más allá, si aspira, por así decir, a la «perfección perfecta», Dios tendría que conocer no sólo la falsedad o certeza de las proposiciones pronunciadas sino también todas las posibles proposiciones que se podrían llegar a pronunciar sobre los acontecimientos y, aún mas, todas las variaciones y derivaciones posibles de los acontecimientos desde la creación. Sólo así se podría aceptar el establecimiento de unos criterios mínimos más allá de los cuales exista la perfección. ¿Es esta increíble capacidad una exigencia de lo inteligente? No, nosotros somos inteligentes y no la poseemos.

Los hombres también son inteligentes, pero no perfectos, así que diseño inteligente no es perfección. La demostración o constatación de lo primero no lleva a lo segundo. Algunos creyentes se equivocan al poner el acento en lo primero cuando deberían concentrarse en lo segundo. El diseño inteligente podría implicar, entonces, alguien que cuida de su jardín paradisíaco y del nuestro, pero, siendo inteligente, esta entidad bien podría ser un individuo tan imperfecto como los hombres. Podría ser un hombre mediocre, detestable, sentado en su nube, controlando el mundo mal que bien. Nos quedamos en las mismas porque tal mediocre inteligencia nos obligaría a instaurar la mencionada cadena de dioses sin fin en busca de uno digno de nuestra fe. Lo que es absurdo.

Arte y fetiche

La tesis de la obra de arte como fetiche no pone la fuerza de la obra en su interior, sino que la concibe como una fuerza adquirida por magia contagiosa a través de sus relaciones históricas con los fetiches procedentes de una «época sacra». Pero lo razonable es encontrar en el interior lo que sea pertinente a la explicación de una obra.

Ni siquiera es pertinente saber cómo separar fetiche y obra de arte. En realidad ese es un falso problema. El problema, en realidad, no es su separación sino su disociación. Separación y disociación es una diferencia fundamental sin la cual es imposible entender el pluralismo y las discontinuidades de la materia.

Hay que recordar que incluso las operaciones matemáticas también se pueden fetichizar. En una pizarra de la Universidad de Oxford se conservan las operaciones realizadas por Einstein durante una lección en 1931. ¿Algún filósofo de la ciencia se atrevería a decir que las operaciones matemáticas son simples fetiches? Entonces, ¿qué se puede decir de una filosofía reduce la obra de arte a un fetiche?

Arte, instituciones y libertad

Para alcanzar una verdadera comprensión de la libertad que se da dentro de la obra de arte, basta comparar el género ready-made con el del retrato, símbolo del arte más servil. Retratar a personas poderosas no parece una actividad en la que un artista pueda sentirse libre. Sin embargo, el retrato de Inocencio X de Diego Velázquez ejerce la libertad de poner en conflicto dos instituciones pictóricas: la representación naturalista del rostro y las convenciones de la pose establecidas por la tradición. El rostro intranquilo contradice el hieratismo de la pose entronizada y perturba la dignidad papal. Inocencio no aparece como un papa, sino como un hombre pendiente del trámite de ser retratado, así que el cuadro deja de verse como el retrato de un hombre poderoso para verse como el retrato de un hombre consciente de que está a disposición de un subordinado del que probablemente desconfía. La desconfianza no expresa poder, sino el reconocimiento del poder que tiene el artista sobre él, el poder sobre su imagen y sobre la conservación de su memoria. Velázquez crea una doble relación de subordinación mutua y esa sustantividad solo puede darse cuando el pintor está sometido a las instituciones.

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Héctor Enrique González

Las artes y la servidumbre de la libertad política

Las instituciones de todas las épocas y lugares imperan sobre las obras de arte por medio de las técnicas. Se puede tirar de cada técnica como de un hilo en cuyo extremo aparecerá una institución. Del fresco se llega a la Iglesia católica, institución en extremo rica en edificios, pero poco o nada interesada en el intercambio especulativo de obras de arte. En cambio, el auge de los soportes transportables y formatos reducidos tiene que ver con el circuito del arte, en el que las obras transitan cada vez a mayor velocidad en sentido contrario al dinero. La elección de formato es una decisión que se encuentra determinada no solo por un finis operantis artístico, también en gran medida por las instituciones que convierten en adjetiva una obra a través de esa decisión técnica que debería ser en principio solo artística. A este respecto, es esclarecedor el caso de la pintura neerlandesa del siglo XVII, que un siglo antes de una supuesta «liberación sustantivadora» ya estaba produciendo abundantes obras al margen de las instituciones tradicionales como la Iglesia y el estado. La «pintura de género», como las naturalezas muertas de pequeño formato, tuvo su auge principalmente en los Países Bajos y formó un mercado muy activo. Tanto en los géneros como en su implantación social, el arte holandés prefiguró lo que iba a suceder en toda Europa en el siglo XIX.

La libertad política y la libertad económica han ampliado la elección de las materias y las técnicas, pero no han suprimido la adjetividad de las obras. La pintura impresionista se liberó del dibujo y la perspectiva como técnicas de organización del cuadro, se liberó del parecido milimétrico al rostro del cliente, pero a cambio quedó presa de la tiranía de la luz. Los artistas comenzaron a explorar la percepción de manchas con arreglo a las experimentaciones en teoría del color. Cuando las técnicas impresionistas se consolidaron, volvieron obsoleta a la pintura académica y ataron a los artistas al mercado creado para sus obras, que seguían produciéndose gracias a que, de pronto, daban de comer a sus autores. La libertad económica trajo consigo una atomización del patrocinio de las artes y una ampliación del gusto, más proclive a absorber la experimentación, lo que permitió la aparición de una cantidad enorme de artistas. Pero esas experimentaciones se convirtieron después en el principio de adjetividad de las nuevas tendencias.

La autonomía que se le atribuye al arte y se hace coincidir con Baumgarten o Kant y que Adorno y otros explican como una liberación de sus funciones religiosas es un mito del siglo XIX y, más que una autonomía propia del arte, es una autonomía de la filosofía del arte, la marca de su fundación, ocurrida en el hallazgo de la sustantividad como un rasgo filosóficamente valioso.

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Héctor Enrique González

Contra el oxígeno de Atapuerca

La Teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno no concibe el descubrimiento científico como un descubrir, si entendemos descubrir como apartar lo que cubre la cosa. Una ciencia no puede «descubrir» nada si no es a través de un aparataje técnico o tecnológico del cual surge lo «descubierto» como un elemento producido en su proceso y cubierto por una estructura de herramientas y aparatos denominada contexto determinante{1}. Cuando hablamos de moléculas solo podemos referirnos a construcciones en el mundo antrópico, es decir, la parte del mundo que las ciencias han podido filtrar e incorporar a estructuras conocidas. Hasta 1776 solo existían los fenómenos provocados por ciertos componentes incomprensibles del mundo anantrópico que aún no podían merecer el nombre de oxígeno. Si pudiéramos viajar en el tiempo hasta el Paleolítico para analizar el aire, obtendríamos las moléculas de oxígeno, pero sería así porque habríamos llevado un conjunto de aparatos y una serie de datos propios de la ciencia química como listas de elementos, pesos atómicos, puntos de ebullición y otras propiedades, sin los que tampoco podría existir el oxígeno, y esto se puede entender de una forma análoga a como no existe tampoco el color verde sin una persona que descifre las ondas electromagnéticas con sus ojos y su cerebro.Es necesario insistir en el constructivismo. Las ciencias obtienen verdades, pero son franjas de verdades{2} que se superponen al originarse en la ejecución de diferentes intervenciones sobre los cuerpos. Solo tiene sentido un elemento químico a través de la consolidación de estas superposiciones, que no dejan intactas las cosas del mundo, como haría una descripción, sino que las intervienen. Afirmar que el oxígeno era contemporáneo del Homo antecessor contradice esta idea de ciencia porque implica que la química no constituyó el oxígeno, sino que simplemente le quitó la cobertura que nos impedía verlo.

{1} Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial 1, Pentalfa Ediciones, Oviedo 1992, págs. 135-138.

{2} Íbid., págs. 164-172.

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Héctor Enrique González

Incoherente

El diccionario es una obra imprescindible, de ella depende la ilusión de que la cultura es capaz de trascender. Más allá, el diccionario afirma ser la obra de un dios cuya revelación es entregada a un simple compilador. A mí me gusta hojearlo a la mañana siguiente de alguna horrible fiesta en la que las botellas tienen más protagonismo que las personas. Tengo un amigo que nunca se cansa de invitarme a sus fiestas. Muchas veces he acabado postrado en un sofá o en el suelo, rodeado por un vacío en el que solo me acompaña una fregona. Los invitados se van, días después nadie quiere hablar de ello y, al teléfono, mi amigo finge quitarle importancia.

No tengo el diccionario empotrado en la estantería, yace en la ventana con el lomo hacia adentro. Lo alcanzo desde el sillón… lo abro al azar y me detengo en un par de entradas. He comprobado que la letra por la que se abre con más frecuencia es la i. Hay definiciones que me he aprendido casi de memoria.

Nos han convencido de que la esencia de lo humano es la inteligencia. Se alaba a los pueblos inteligentes. El insulto más grave a la inteligencia no es ser tonto, sino ser incoherente, es decir, relegar causas y efectos a un caos de lo insignificante. Los tontos son entrañables pero la gente incoherente amenaza el fuego sagrado de la aristocracia intelectual.

Puedo proponer que no tratemos de ver la coherencia de las cosas. Al cerebro le gusta construir hipótesis lógicas pero en realidad lo que hace es quedarse con las más aburridas, las que extrae de un pobre acervo. El pensamiento no acepta que los motivos de una acción estén casi siempre en flagrante incoherencia con los propios pensamientos, palabras o deseos, ni reconoce todavía que esa mitología de causas y efectos que le sirve de guía sea falsa.

Si suben las ventas del refresco X, es porque los productores se han preocupado por llenar los medios de propaganda. Eso parece lógico. Si acudo sistemáticamente a casa de mi amigo cada vez que me telefonea, puede ser porque me cae bien. Si después de un par de horas termino revolcándome por los suelos, los demás invitados pensarán que quiero llamar la atención. Una conducta bochornosa en público es ya un intento de suicidio figurado y los demás abandonarán la fiesta convencidos de que soy una persona problemática.

En realidad, mi amigo no me cae bien. Voy a sus fiestas cuando me encuentro libre de cargas familiares y la ausencia de rutina me inspira una curiosa atracción por la decadencia. Las invitaciones son una mano tendida a la provocación y nada me parece más divertido que arruinarle la noche a un grupo de pijos, que al llegar a casa tratarán de olvidarme o hacer como que no he existido, borrar esa noche de sus conversaciones. Mi amigo no deja nunca de invitarme y puedo adivinar que sus motivos se sitúan también en ese espectro oscuro.

Horizontes

Leo en la página 630 de Naturalismo de Lama Ole (2002): «Primitivamente, el horizonte era el lugar que no podía ser visto o alcanzado a la vez. Era posible verlo en el presente, bajo la misma luz, pero alcanzarlo significaba introducirse en el tiempo. La línea vislumbrada por la mañana pertenecía a la noche del caminante. Hoy lo hemos incorporado. Gracias a la aviación, es posible verlo y alcanzarlo bajo la luz del mismo día. Algunas sectas percibieron en ello una violación del poder del sol y recomendaron el suicidio. Hay quien prefirió cambiar de religión. Desde los años cincuenta, el grupo naturalistas por un pensamiento puro, que más que un movimiento unitario es un conjunto de grupúsculos de origen zoroástrico, se reúne una vez al año en una llanura del sur de Turquía donde perpetra la hekm, un rito en el que los participantes lanzan piedras al cielo para simbolizar la destrucción de la tecnología al tiempo que efectúan la destrucción de sus propias cabezas».